lunes, 14 de enero de 2013

La Biblioteca Imaginaria: LA SEÑORITA JULIE. August Strindberg



La señorita Julie fue escrita por Strindberg en el verano de 1888, pero pon cuestiones de censura editorial, determinados pasajes dramáticos fueron borrados de un plumazo por el estupor que causaron. No fue hasta noviembre de ese mismo año cuando salió a la luz.
Sin embargo, la obra no se estrenó hasta un año después en Copenhague, como la función estrella dentro del Teatro Experimental que tenía en marcha el propio autor.
Podríamos decir que La señorita Julie se considera la primera obra de teatro naturalista, a pesar de que es evidente una estructura discursiva expositiva de drama moderno. Como podemos apreciar en la lectura del prólogo de la obra, donde Strindberg nos anuncia su puesta en escena ideal de la pieza, así como diversas observaciones que nos conducen a un metatexto dramático sobre la formación de los espectadores teatrales para un futuro que el él consideraba próximo.
De hecho, en su “prólogo” de la edición del texto original publicada en castellano en 1982, podemos comprender el origen de la historia de Julia, remitiéndonos a una hecho real: “Al recoger este tema de la vida misma, tal como me lo contaron hace unos años, cuando el suceso me impresionó profundamente, pensé que era un buen material para una tragedia” ( 1982, p. 90), lo que nos lleva a acentuar un realismo genético, en tanto en cuanto recurrimos al observador dramaturgo, que establece un tándem ganador vida-teatro.
Una joven noble, educada por su difunta madre para actuar en la vida como un hombre, siente que ha perdido el honor al mantener una relación sexual con su criado durante una fiesta en la casa de su estricto padre.
Ante una brutal muestra de la fuerza del hombre sobre la mujer, por encima de estatus sociales, y con el concepto de lucha de clases presente durante toda la obra, se trata de un alegato sobre la supremacía del ser humano, una reinterpretación de la teoría de la selección natural de Darwin y una delicada acogida de determinadas ideas sobre la manipulación de la psique humana.
Obra básica y fundamental en la historia del teatro, tanto por la revolución dramática y técnica que a continuación se ejemplifican, como por la complicada y lograda manifestación de la decadente sociedad de la época.
En la poética de éste libro quedan patentes los procedimientos y recursos del drama moderno en cada uno de sus niveles: el realismo sensorial, con el uso tanto de un espacio rural como el voluntario uso de escenografía tridimensional, anulación de telones pintados y demás características del efecto de real, que diría Barthes, todo ello perfectamente detallado en las didascalias del texto.
El realismo narrativo, con el perfecto desarrollo de la presentación, el nudo y el desenlace, la elipsis narrativa, sobre todo la relacionada con el desenlace vital de Julie, el cronotopo realista, con la perfecta localización de los encuentros personales que acontecen en la obra, etc. El realismo referencial, con el vínculo abrumador que el autor establece con la sociedad del momento. Del realismo lingüístico podemos distinguir el exquisito uso del lenguaje prosaico que hacen los personajes y del realismo semántico la soberbia tesis protoexpresionista sobre el funcionamiento del mundo social.
Además, no podemos olvidar que Strindberg está, en el momento de escribir La señorita Julie, intentando crear “malestar” dentro del mundo dramático con el fin de poder llevar a cabo ciertos cambios formales y estilísticos, como así lo deja claro en el prólogo al que antes hacía mención: “He elegido para esta obra un caso excepcional, pero instructivo; en dos palabras, una excepción, pero una gran excepción que confirma la regla, lo cual va a molestar a todos los que aman lo banal” ( p.91). Por lo que podemos pensar que esta obra no interesa por lo escabroso de sus argumentos, sino por la fidelidad con la que queda en ella representada el truculento funcionamiento del mundo, del alma humana.

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