miércoles, 20 de abril de 2016

"Cartas a Hitler" en La Jungla de las Letras

Eva Braun (Múnich, Alemania, 1912 – 1945, Berlín, Alemania) fue la amante y compañera sentimental de Adolf Hitler y también, por poco tiempo, esposa, ya que contrajo matrimonio con él la víspera de su suicidio, el 29 de Abril de 1945. Que Eva Braun fue la amante de Hitler, y que mantuvo una estrecha relación con él desde casi el mismo momento en el que se conocieron en 1927, en el estudio de fotografía de Heinrich Hoffmann en Múnich, donde ella trabajaba, no se supo de manera pública hasta bastante después de finalizada la guerra. Casi la totalidad de los documentos gráficos de índole doméstico que se conservan sobre la vida privada del Fürher son fruto de la gran afición de Eva Braun a la fotografía y el cine. Y ahora esto… 
¿Cómo es posible no caer fascinado ante este libro? Ya desde el prólogo de la obra, un prólogo escrito por un lúcido y valiente editor, uno entra en un estado de excitación sólo comparable al que siente un niño ante los regalos que Papa Noel le deja bajo el árbol de Navidad, o los Reyes Magos sobre la alfombra de su habitación. Este libro es un regalo, literalmente un regalo para todo aquel (estudioso o no) con un mínimo de interés en la reciente historia de Europa. De ser verdad lo que cuenta en el prólogo el editor (yo no tengo ninguna duda de ello), nos encontramos ante uno de los documentos más importantes y relevantes de la historiografía del nacismo, o mejor dicho de la sociología del nazismo, al menos de los últimos años: cartas de Eva Braun a Hitler en 1945, poco antes de morir. Cartas que nunca leerá el Fürher, unas misivas donde de alguna manera la amante de Hitler se despide de la vida, y donde desnuda su alma ante el hombre otrora más poderoso del mundo. En estas cartas se vislumbra no sólo la personalidad de Eva Braun, sino también la del Hitler más mundano, más humano, menos artificial. Quizá al intuir o saber que sus misivas no iban a ser leídas por su destinatario, Eva Braun fue capaz de sincerarse y volcar todos sus sentimientos en el papel, incluso en ellas es capaz de encararse al mismísimo hombre que llevó a Alemania, y a todo el mundo, a la destrucción y a la guerra, a recriminarle el poco acierto que tuvo al tomar alguna que otra decisión, por ejemplo el exterminio de los judíos, o lo cabezota que fue en empecinarse en pelear en varios frentes.

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