miércoles, 1 de julio de 2015

Sosa transparente (artículo de Miquel Escudero en El Correo del 28 de junio)

Francisco Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo y jurista distinguido, acaba de publicar un libro sobre su experiencia como europarlamentario: ‘Memorias europeas’ (Ed. Funambulista). En más de setecientas páginas hace transparente su agenda de reuniones y entrevistas, encuentros y viajes; todo referido, semana tras semana. Ha querido mostrar la cotidianidad de un representante político. Sin solemnidades, confía en este libro suyo «para que las generaciones venideras conozcan cómo se toman los acuerdos en las instituciones europeas y cuál es el poder de los ‘grupos de presión’ y cómo se las gastan». Sosa Wagner es un intelectual con inquietud por la cosa pública y, como corresponde, es irónico y algo escéptico. Estuvo en el partido de Tierno Galván y hace siete años aceptó el ofrecimiento de Rosa Díez de encabezar la lista de UPyD para el Parlamento Europeo, y a los pocos meses obtuvo un escaño. ¿Cuál es el papel que el Parlamento Europeo tendría que jugar? Sosa parte de que en los últimos cincuenta años se han logrado objetivos que parecían inalcanzables, su visión tiene un fuerte componente poético y recalca que debe ser «el Palacio de la quimera y de los sueños».
Comparte con Fernando Savater la idea de que, en democracia, «quien más se parece al político corrupto es el ciudadano que le vota». Hay que alertar del vicio de achacar todas las culpas a los demás. Cuando se afirma que la democracia española es un sistema que está agarrotado y esclerótico, hay que ver lo que se puede hacer para reformarla. Se hace imprescindible mover a la ciudadanía a tomar conciencia de sus posibilidades y, que intervenga en la regeneración pública. Pero sin trampas manipuladoras: «Dar demasiada importancia a las manifestaciones y recontar hasta la extenuación sus participantes es lo propio de la democracia ‘por aclamación’ que patrocinaba Carl Schmitt», un jurista del régimen nazi que rechazaba el voto secreto porque, decía, transforma a los ciudadanos en ‘sujetos aislados’ y así no es ‘enteramente democrático’. Un cinismo sin límite. Se trata de no ser considerados siquiera personas, sino integrantes de un rebaño.
Con naturalidad y sin pedantería, Sosa Wagner nos comunica su afición por visitar librerías y museos, por asistir a conciertos. Nos da cuenta de sus libros recién comprados o de sus amplias y variadas lecturas. Comparte con nosotros sus reflexiones y conversaciones. Como buen profesor está lejos del exhibicionismo y fomenta el contagio de la libertad: entusiasmo y sentido crítico. Por los pasillos del consejo de Europa o de un aeropuerto, acaso en un restaurante, localizaremos con él a múltiples políticos. Entre los españoles: Mayor Oreja (sorprendentes retrasos), López Aguilar (exagerado afán de protagonismo). Asoman también sus amigos Willy Meyer y Alejo Vidal-Quadras, o la inefable Magdalena Álvarez y Raimon Obiols, a quien tilda como «el tipo más aburrido de la Unión Europea» y «el cadáver mejor conservado del Parlamento».
«La vida -dirá Sosa en un rincón de estas páginas- no es más que el arte de administrar las contradicciones». Así sólo las últimas ochenta páginas responden al subtítulo del libro: ‘Mi traición a UPyD’. En ellas da cuenta de su desencuentro con Rosa Díez, «todo lo que le sobra de autoritarismo le falta de conocimientos». Partidario de desarrollar en serio estudios de los problemas sociales y económicos, en busca de soluciones viables, propuso aunar esfuerzos con C’s. Fue rechazado con suma dureza, dimitió, y se retiró. Pero luego hubo conversaciones entre ambas formaciones. Ahora recuerda como pesadilla los malos modos de Gorriarán contra toda disidencia, modelo de estalinista. Sosa concluye con un consejo a sus buenos amigos de C’s: «en mi condición de viejo y de haber vivido la disolución del PSP de Tierno en el PSOE: los afiliados de UPyD que deseen integrarse en las filas de C’s deberán hacerlo uno a uno y superando un minucioso expediente de ‘desgorriarización’». ME

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