martes, 10 de junio de 2014

Dos reseñas sobre 'Una erasmus en Bruselas', de Alfredo Escardino

El Rincón de Adolfo

Si hiciéramos el retrato robot de una estudiante de las becas Erasmus, a grandes rasgos, pensaríamos en una chica emprendedora, valiente, desenvuelta, viajera, de miras abiertas, vanguardista, moderna…
Pues eso es lo que encontrarán nuestros lectores en nuestra intrépida protagonista -Cristina Vilanova-, sin duda, el alma mater de Una erasmus en Bruselas, de Alfredo Escardino –Editorial Funambulista-
Es más, la novela tiene un toque retro ya que se remonta a quienes fueran los pioneros del Proyecto Erasmus allá por los años 80. Ellos iniciaron el camino y marcaron de algún modo las pautas de lo que es hoy el concepto del estudiante Erasmus que todos conocemos.
Muy bien escrita, la novela les atrapará en otra trama paralela a los estudios, el turismo y las fiestas habituales en este tipo de estudiantes. Se trata de una misteriosa gargantilla de oro y esmeraldas que Cristina Vilanova lleva a Bruselas con la ilusión de haberla recibido de manos de su abuela como regalo de familia.
Al parecer, la joya tiene unos orígenes belgas que emparentarían a nuestra intrépida Erasmus con lo más granado de la nobleza belga.
Por otro lado, refleja muy bien los líos amorosos que es fácil se produzcan en estos casos, con un novio en España, y varios pretendientes europeos que, como es de suponer, aportan color, amplían miras y dejan al novio español en un papel cada vez más gris y local.
El ritmo de redacción es tan bueno que se trata de la típica novela en la que uno, más que acelerar, va frenando porque no quiere dejar de disfrutar sus páginas.

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Trabalibros

La beca que le permitirá a Cristina Vilanova estudiar durante unos meses en la Universidad Libre de Bruselas llega en el momento oportuno. La joven, consciente o inconscientemente, espera que su estancia en el extranjero sea una vía de escape a la vida que lleva en España, con un noviazgo cargado de dudas, una carrera a punto de terminar que no le interesaba lo más mínimo y unas posibilidades prácticamente nulas de encontrar un trabajo apetecible.

Se trata de una beca Erasmus que la transportará a la capital de Bélgica donde el clima, la gastronomía, las costumbres y el carácter de su gente no hacen de este lugar un sitio demasiado acogedor. Desde luego nunca podrá compararse a Valencia, su ciudad natal, pero eso no debería ser un gran problema ya que su intención es, como la de casi todos los extranjeros que aterrizan allí por un motivo u otro, permanecer tan solo una temporada, utilizarla como "ciudad de paso".

Y es cierto que en Bruselas no se puede disfrutar del sol resplandeciente del Mediterráneo, de la claridad azul del cielo ni de una paella en condiciones. Tampoco goza ahora del calor de su familia, la distancia física es demasiado grande. Pero, a pesar de eso, pronto percibe que Bruselas no se trata del lugar aburrido y gris que nuestra mente tiende a imaginar cuando se evoca su nombre. La ciudad más cosmopolita de Europa está a punto de abrirse ante sus ojos para ofrecerle una serie de experiencias que le harán madurar como persona y que nunca olvidará.

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