El grito más amargo de Suecia
Hace más de treinta años, el traductor Francisco Uriz decía en su edición del «Teatro escogido» de August Strindberg: «En el otoño de 1894 llega a París con la intención de conquistar la ciudad, tan-to en el terreno literario como en el científico. Pero lo que le espera es un largo periodo de soledad y miseria, en el que sufre la más profunda crisis de su vida, la que llamó «crisis de Inferno». De aquella visita surgiría precisamente su obra «Inferno», en la que Dios adopta, en el breve diálogo con el que daba inicio, la figura de hacedor cruel que inventa problemas para la humanidad frente a un indignado Lucifer. Tal cambio de papeles suponía una premisa simbólica para lo que acontecería después: un relato de un químico y escritor que buscaba alejarse de todo, incluso de su mujer y sus hijos. Una huida demente, en aquel caso, en la que su protagonista adivinaba «la existencia de una mano invisible que dirige la lógica inexorable de los acontecimientos». Strindbe...