Capítulo XXI de «LAS AVENTURAS DEL INGENIOSO DETECTIVE FRANK STAIN»


CAPÍTULO XXI

Donde se sigue relatando y se da fin a la visita de Frank Stain a Barcelona, incluyendo la aventura que más pesadumbre le dio de cuantas hasta entonces le habían acontecido

Frank se dirigió al comensal con una sonrisa tímida:
-       Pepe Carvalho, supongo…
Su interlocutor miró nervioso hacia el camarero y respondió a Frank en un susurro:
-       Pepe no, Pep, Pep Carvalho… como Pep Guardiola.
El desconcierto de Frank se acrecentó cuando percibió el pin con un lazo amarillo en la solapa de Carvalho. Éste pareció sentirse obligado a dar explicaciones, al tiempo que invitaba a Frank a tomar asiento frente a él:
-       Ya sabe cómo están las cosas por aquí y yo necesito clientes para vivir. No me puedo significar.
-       ¡Pero usted es universal! ¡Pepe Carvalho es conocido en todo el mundo!
-       Sí, sí, pero de eso no se come. Algunos me tienen en el punto de mira desde hace años. Antes eran una minoría. Ahora son muchos y tengo que andarme con cuidado.
-       Perdone. Me parece que usted exagera…
-       ¿Ha leído El cadáver en la cocina, de Joan Ramon Resina?
-       No, no lo he leído, aunque me suena. ¿No lo ha mencionado alguien en un capítulo anterior?
-       Pues no lo sé, porque yo acabo de aterrizar en esta historia. En todo caso, si lo lee verá que ya en 1997 este hombre me tildaba de “anticatalanista”, criticaba la “naturalidad” con que yo empleaba “el idioma del Estado en una sociedad cuya propia lengua ha sido relegada por la acción represiva del Estado” y decía que “la agresión histórica a la nación catalana” no aparecía en las novelas de la serie Carvalho y que “el modelo propuesto por Vázquez Montalbán es el de un fascismo catalán encontrado por Carvalho a la vuelta de cada aventura. En cambio, la resistencia al fascismo se identifica, sin más, con la población inmigrante”.
-       ¿Habla usted en serio?
-       ¡Se lo juro por la memoria de Bromuro! Y eso es sólo el principio: según Resina “son casi siempre personajes catalanes los que se ocultan detrás de las bambalinas del crimen” y todas mis novelas se caracterizan por “la insistencia en la culpabilidad intrínseca de la burguesía y pequeña burguesía catalanas, o en la ridiculez invencible de sus valores y gestos característicos”. ¡Y llega a afirmar que yo no quemaba libros catalanes por la sencilla razón de que no los leía!
-       No se lo tome a mal, pero resulta difícil de creer.
-       Pues no queda ahí la cosa: de acuerdo con Resina “la catalanidad asume la función de marca negativa en las novelas policiacas de Vázquez Montalbán, apareciendo una y otra vez en relación inmediata con acontecimientos nefastos”. No me lo estoy inventando. Todas las citas son literales. Las he leído tantas veces (sobre todo últimamente) que me las sé de memoria.
-       ¡Pero todo eso es una tergiversación monstruosa!
-       No sé, tal vez Resina tenía razón, y fuese un sesgo retrospectivo inconsciente...
-       ¡No diga tonterías, Carvalho! Se trataba apenas de un reflejo fiel de la sociedad catalana y barcelonesa de la época. Usted mismo se lo resumía muy bien a Charo en Cita mortal en Up and Down: “Casi todos mis clientes están en la zona alta y todas sus víctimas en la zona baja”.
-       ¿Eso dije yo? ¿De verdad?
-       Sí, también es una cita literal. ¿Por qué? ¿Se arrepiente?
-       No, pero así a bote pronto parece sacado de uno de los Episodios interminables de Almudena Grandes.
-       Episodios de una guerra interminable.
-       Todo es interminable: la guerra y los episodios.
-       Bueno, usted fue comunista, como ella, ¿no?
-       Sí, pero yo lo superé hace mucho años. Soy la prueba viviente de que de eso también se sale. Aunque Resina decía que mi pérdida de fe en la racionalidad empírica es lo que me llevó a entregarme al sexo y a la gastronomía, “que sustituyeron al cogito en la tarea de fundamentar al sujeto epistemológico arrasado por el escepticismo”. ¿Qué le parece?
-       Estremecedor... ¿Resina dice que se llama?
-       Sí, una eminencia. Profesor en Stanford. Fue el anfitrión del President Torra cuando visitó la universidad el año pasado.
-       ¡Ah! Ya veo…Pero volviendo a lo suyo, ¡si sesgo había en último término no venía de usted, sino de Vázquez Montalbán! ¿Él no respondió a esas estupideces?
-       Sí, sí lo hizo, pero desgraciadamente ya no está aquí. El primo de Zumosol se ha ido y yo estoy solo. A mí no me respetan.
-       ¿Cómo que no? ¡Usted es una gloria nacional!
-       Para muchos aquí soy una gloria nacional española, no catalana.
-       ¿Y usted no es también catalán? ¿No dijo Jordi Pujol que es catalán quien vive y trabaja aquí, o algo parecido?
-       És català tothom que viu i treballa a Catalunya…i vol ser-ho”. Eso sucedió en otra vida. Ahora hace falta algo más.
-       ¿Qué hay que querer ser? ¿Del Barça?
-       A eso no han llegado todavía, afortunadamente, pero todo se andará.
Carvalho hizo una pausa incómoda antes de proseguir:
-       Yo soy periquito. Se lo tuve que ocultar a Vázquez Montalbán. Ya sabe usted que era un culé fanatizado. Como en tantas otras cosas, nada era lo que parecía…
-       ¿Qué quiere decir?
Frank estaba tenso y Carvalho titubeó indeciso. Cuando respondió lo hizo midiendo las palabras y observando con aprensión a Frank:
-       Bueno, verá, a mí todo ese rollo gourmet me deja frío. A mí lo que me gusta es el pulpo á feira que preparaba mi padre. Y por las noches, si como algo más que una tortillita francesa no pego ojo.
Frank miró con escepticismo la mesa con el paisaje después de la batalla de la cena de Carvalho. Este reaccionó con embarazo:
-       Me debo al personaje. Vázquez Montalbán decía siempre que lo exigía el guión. También se empeñó en que Biscuter me cocinara, aunque al pobre Biscuter le daba cien patadas. Eran otros tiempos; si hubiese sucedido hoy en día estaríamos hablando de acoso laboral. Y aquí me tiene, comiendo como un Carpanta para mi público y con el colesterol por las nubes…
Frank tuvo la desagradable sensación de que aquello no había terminado y no se equivocó:
-       Y lo de las lecturas…Las libros que me obligaba a leer….¡Porque antes de quemarlos en la chimenea me los tenía que leer!: la Estética de Lukács (en cuatro volúmenes), la Teoría estética de Adorno, la Crítica de la vida cotidiana de Henri Lefebvre, la Contribución al problema de la vivienda de Engels, la Introducción general a la crítica de la economía política, del pariente plasta de los hermanos Marx, el Diccionario de los símbolos, de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant… ¡Cuando lo que a mí me gusta es Paulo Coelho!
Frank no pudo controlar un estremecimiento de espanto y Carvalho se inquietó:
-       ¿Se encuentra usted bien? Tiene muy mala cara.
Frank se sobrepuso:
-       ¿A que se refería antes con eso de que ahora hace falta algo más?
-       Usted sabe de qué estoy hablando. No me obligue a decirlo en voz alta. No quiero problemas…¿Para qué me buscaba?
-       Quería pedirle ayuda en un caso de corrupción que estoy investigando en Sevilla y que tiene conexiones con Cataluña. Yo también soy detective privado, aunque mucho más modesto que usted, por supuesto.
-       ¿No será usted por un casual Frank Stain?
La cara de Frank se ilumin
 ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Frank se ilumincióoeronarvalhoó:
-       ¿Me conoce?
-       Por supuesto. He oído hablar mucho y muy bien de usted. Algunos dicen que usted y su ayudante….¿Bartolo…?
Frank asintió embelesado:
-       Bartolo, sí…
-       …que usted y Bartolo son los herederos naturales de un humilde servidor y del pobre Biscuter.
-       ¡No diga eso! ¡Ustedes son los maestros y les queda todavía mucho que enseñarnos!
Carvalho sonrió con melancolía:
-       Le agradezco los elogios. Es usted muy amable, pero nuestro tiempo ya pasó.
-       ¡No, no, de ninguna manera! ¡Usted es eterno, como Sam Spade o Philip Marlowe!
La nube de melancolía desdibujó aún más la sonrisa de Carvalho:
-       ¿Ha leído mi última novela, Carvalho: problemas de identidad?
-       No, todavía no.
-       Ya verá cuando la lea: estoy viejo e insoportable, después de tantos años he dejado a la Charo por una pija psicópata, maltrato a Biscuter y éste se presenta al concurso de Máster Chef. Como sigamos así en la próxima entrega acabo yo en La isla de las tentaciones…Pero no es culpa de Zanón. El tiempo es cruel…
Frank no supo qué decir. La tristeza de Carvalho era pegajosa. Ambos permanecieron mudos hasta que Carvalho se dirigió de nuevo a Frank:
-       ¿Qué caso es ése que me quería comentar?
-       Es un asunto de corrupción en torno a las subvenciones de la energía eólica. Están implicados la Junta de Andalucía, el partido socialista y algunos empresarios. Pero lo más importante es que hemos descubierto conexiones fuera de la región. Antiguos miembros de CiU asesoraban a otros gobiernos regionales, del PSOE, del PNV y del PP. Es probablemente la primera red de corrupción que abarca varias nacionalidades y regiones ¡El primer ejemplo de federalización asimétrica del Estado autonómico!
El entusiasmo recién recuperado de Frank se desinfló ante el gesto inerte de Carvalho, que se tomó un tiempo antes de contestar:
-       Suena interesante, pero si acepta mi consejo yo le diría que se olvide del caso. Demasiados intereses y demasiados peces gordos y, sobre todo, a la hora de la verdad a nadie le importa un pito.
Frank hizo un ademán de contrariedad:
-       ¿Cómo que a nadie le importa? Claro que hay gente a la que le importa y que planta cara a los corruptos: jueces, fiscales, policías, guardias civiles… y periodistas como Arcadi Espada o Berta González de Vega ¡Y éste es un gran caso de corrupción! ¡Un escándalo nacional!
-       Tiene usted toda la razón, pero ya ha visto qué ha pasado con el 3% y cómo están las cosas por estos pagos. Por no hablar de las Vascongadas, de Madrid o de su tierra. En el fondo, a la gente le da igual. Si dejan de votar a esos partidos no es por la corrupción o por el abuso de poder. En España somos rooseveltianos: Tal vez sean unos hideputas, pero son nuestros hideputas. Somos un país de adhesiones inquebrantables.
Carvalho volvió a perderse en las profundidades de su pastel de queso azul. Frank lo contempló unos instantes, se levantó y se dirigió en silencio hacia la entrada del restaurante.
Antes de salir, miró otra vez hacia la mesa y le pareció que Carvalho había envejecido veinte años en tan solo unos segundos.
Frank no necesitó mirarse en el cristal de la puerta para saber que a él le había sucedido lo mismo.
Abrió la puerta con manos temblorosas y un agujero negro en la boca del estómago.

(Continuará...)  

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