Capítulo XX de «LAS AVENTURAS DEL INGENIOSO DETECTIVE FRANK STAIN»

CAPÍTULO XX

De lo que le sucedió al ingenioso detective Frank Stain en la ciudad de Barcelona

Las dos y media de la tarde serían cuando Frank llegó a la estación de Sants en Barcelona. Tomó un taxi y en cinco minutos estaba en el pequeño hotel que había reservado en la Gran Vía de Las Cortes Catalanas, cerca de la Plaza de España. Dejó el equipaje en el hotel y se lanzó a la calle presa de una excitación febril. La idea de encontrarse con su héroe, Pepe Carvalho, le había mantenido en vilo los últimos días.
Entre los argumentos usados por Macarena y Pepe para intentar disuadirle de la idea de viajar a Barcelona estaba el que Frank no tenía ninguna dirección concreta en la que localizar a Carvalho.
Los tres habían repasado juntos las novelas ambientadas en Barcelona y Frank hubo de reconocer que no aparecía ninguna dirección, más allá del nombre del pueblo del domicilio de Carvalho (Vallvidriera). En Buscando a Sherezade se hablaba del “piso del caserón de las Ramblas donde está instalada su oficina”, pero tampoco pudo recordar ningún dato más preciso.
Frank no se desanimó y respondió a sus amigos con el inapelable argumento de que, a falta de direcciones, él se sabía de memoria los bares y restaurantes favoritos de Carvalho. En alguno de ellos lo encontraría o sabrían darle razón de su paradero. Sólo hacían falta buenas piernas, buen estómago y un poco de paciencia.
En el tren había preparado un itinerario para el primer día de investigación que se iniciaba en el restaurante Can Lluís, en la esquina de la calle de la Reina  Amalia con la calle de la Cera, cerca de su hotel y del mercado de San Antonio, en el que Carvalho despachaba una olleta d´Alcoi y una espaldita de cabrito asada en el relato Desde los tejados.
No lejos de Can Lluís podía acercarse también al Restaurante Pa i Trago, en el que Carvalho reincidía con la contumacia de un relapso: en Asesinato en el Comité Central se metía entre pecho y espalda un bacalao a l´hostal, una cap i pota amb samfaina y una tripa a la catalana con judías; en Hice de él un hombre lo visitaba en el día dedicado a la escudella i carn d’olla; y en De lo que pudo haber sido y no fue volvía a caer de cabeza en la tentación de la cap i pota amb samfaina.
Si esta visita también resultaba infructuosa continuaría hacia El Racó d´en Pep, próximo a la Lonja, en el que su héroe se daba un homenaje en La Rosa de Alejandría junto a Narcís Pons Puig,  el autodidacta, con unas judías con almejas y un cogote de merluza al ajillo tostado con blancos del Penedés.
De ahí podía alargarse al Senyor Parellada, que Carvalho visitaba en El hermano pequeño, dando buena cuenta de un all cremat amb suquet de sípia
i lluerna y de un cordero a las doce cabezas de ajo con patatas panaderas, todo ello regado con un Coto de Imaz del 83.
Si no encontrase allí a su héroe pasaría por el Agut d´Avignon, restaurante que Carvalho frecuentaba en La soledad del manager y “que le complacía por la bondad de sus guisos y le desagradaba por la poquedad de sus raciones”, y por Casa Isidro, en la calle de Les Flors, donde Carvalho invitaba a Charo a comer en El delantero centro fue asesinado al atardecer.

Y por supuesto era inevitable una visita al mercado de la Boquería, donde Carvalho hacía a menudo sus compras. Allí era obligado parar en otro de los favoritos del detective: el bar Pinotxo.
Entre el almuerzo y la cena se pasaría por algunos de los bares de copas preferidos de Carvalho, como el Glaciar, Can Boadas, Gimlet, Nick Havanna, Victory Bar o el Ideal.
Armado de tan minucioso plan de trabajo, Frank se puso manos a la obra en cuanto dejó la maleta en el hotel. Pateó la ciudad sin descanso y sólo se permitió un breve respiro en el Pinotxo, donde tapeó de pie en la barra unos gloriosos garbanzos con morcilla y unas butifarras.
Durante su recorrido asistió a un episodio singular: un ejercicio de combate naval en el que una flotilla de lanchas pneumáticas de los Mossos d´Esquadra tomó por asalto el Piolín, atracado en el puerto de Barcelona. Finalizado el ejercicio con la victoria incontestable de las fuerzas de la Generalitat, éstas izaron una gigantesca estelada en el barco y los invasores del Piolín (vestidos de huertanos murcianos) fueron hechos prisioneros y evacuados en una fila interminable de tractores hacia un centro de internamiento situado en el Camp Nou.
- Aquestes maniobres militars de la nostra infanteria de marina i de la nostra infanteria mecanitzada han estat una gran idea, Raül. La propera vegada no ens agafaran desprevinguts! Perquè ho tornarem a fer…!
Frank miró hacia su izquierda y vio que la frase había sido pronunciada por un señor orondo y con barba –con una mirada un tanto inquietante por un ojo vago– que le resultaba familiar, al igual que el tal Raül, un tipo atlético de calva esmerada y reluciente. Ambos habían seguido las maniobras con prismáticos, ataviados con uniformes de camuflaje.
A las once de la noche Frank salía del último restaurante extenuado y al borde de la depresión. No sólo no había encontrado ni rastro de Pepe Carvalho, sino que había tenido que soportar miradas y risas burlonas cuando preguntaba si habían visto recientemente al detective galaico-barcelonés.
Frank se sentó en un banco del Paseo de Colón, ajeno a los comentarios zumbones de los viandantes sobre su aspecto. Intentó trazar mentalmente otro itinerario para el día siguiente, con los restaurantes barceloneses (Els Perols de l’Empordá, Hispania, Casa Leopoldo, La Odisea, Botafumeiro, La Dorada y Casa Rodri) que en El Balneario Carvalho imaginaba visitar para desquitarse de su mes de ayuno con ensaladas de angulas con kiwis y jamón de pato, crepes de pie de cerdo con alioli y salsa rubia, dorada horneada entre hierbas mediterráneas y aceitunas negras, patatas al vapor con caviar y salsa holandesa, pimientos rellenos de mariscos prietos, rape al ajo quemado, ciervo con mermelada de grosellas y camembert frito con mermelada de tomate.
Se dijo que tenía que comprobar si esos restaurantes seguían abiertos después de tantos años, pero no se encontró con fuerzas. Se  puso en pie penosamente y fue caminando como un sonámbulo por la avenida de las Atarazanas hacia arriba, hasta la rambla del Raval. Continuó por la rambla en dirección a la Gran Vía de las Cortes Catalanas.
Al atravesar un paso de cebra reparó en el nombre de la calle que cruzaba: Carrer de Sant Rafael. Bajó los ojos y siguió marchando por la rambla del Raval, con el nombre de la calle que acaba de atravesar bailando en su retina.

Paró de golpe y dio media vuelta. Corrió hacia el cruce y miró de nuevo el nombre de la calle: ¡Carrer de Sant Rafael! Allí estaba, en el número 24, el restaurante Casa Leopoldo, hacia el que, en El signo del Zorro, “algo tan poderoso como el instinto” guiaba “una y otra vez” a Carvalho.  “Meca gastronómica” era llamado en Hice de él un hombre, relato en el que Carvalho se calzaba allí las famosas angulas con jamón de pato, unas sepias salteadas, cigalas, pescadito frito, “toda la marisquería a su alcance” y una dorada fresca para rematar (“alimentos ligeros, de buena digestión”, tranquilizaba el detective a su invitado, Pacho Rodés). ¡Cómo podía haberlo olvidado! 
Continuó su carrera hasta la puerta del restaurante y entró en éste con el corazón encogido. El local estaba casi vacío. Un camarero limpiaba vasos detrás de la barra. Levantó la vista hacia Frank:
-       Lo siento; la cocina está cerrada.
-       No vengo a cenar. Busco a una persona.
-       Sólo queda un cliente.
El camarero señaló con la barbilla hacia el fondo de la sala. Un hombre que aparentaba más de sesenta años, de aspecto gastado, cenaba reconcentrado y ausente. Frank sintió un pálpito (como los de Plinio, pensó emocionado) y se acercó a la mesa.

(Continuará...)

Comentarios

EDUARDO PELLICER ha dicho que…
Me continua pareciendo extraordinariamente divertido seguir leyendo y viendo al nuevo Quijote en esta novela, con todos sus delirios y trama tan bien traída a estos días. Y no puedo dejar de sonreírme y reírme, cuando puedo verle caminando por Sevilla y sus cosas, y cuando sin ningún esfuerzo mi imaginación crea una fisonomía y una cara para cada unos de los personajes.

Es también fantástico como se puede fundir, reunir y dar un apunte generoso, tanto de la picaresca como de la golfería nacional, teniendo la idea de crear "otra nueva" NIIDEA. Crisol de crisoles.

¡¡¡ Seguimos en combate !!!

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