Capítulo XVIII de «LAS AVENTURAS DEL INGENIOSO DETECTIVE FRANK STAIN»

CAPÍTULO XVIII

De la sabrosa y graciosa plática que pasó entre Frank Stain y Bartolo Andorga después del almuerzo en casa de Benamejí

-       ¡Vaya, vaya! ¿Todavía estamos de resaca, dos días después de la fiesta?
Bartolo descorrió las cortinas del balcón y la luz cruel del mediodía inundó las facciones desencajadas de Frank, que a duras penas logró entreabrir los ojos.
-       A ver, normá, porque estaba usted que se salía con su amiga Carmen Miranda.
-       No es mi amiga.
-       ¿Ah, no? Pues le saludó a usted de lo más cariñosa. ¡Vaya con el hefe! Parecía que no había roto un plato en su vida y resulta que es usted de esos a los que se les enciende el wi-fi cuando pasan por la puerta de los puticlubs.
-       La conocí en el curso de una investigación. No tengo ninguna relación personal con ella.
-       Pues la chavala le tenía agarrado que parecía que le estaba haciendo la maniobra de Heimlich bastante por debajo del esternón. ¿Que estaban… jugando a los médicos o ensayando para una sesión de bunga-bunga ?
-       Déjate de chorradas, Bartolo. No tuve más remedio que seguirle la corriente a Benamejí, pero no pasó nada. Nada de nada.
-       Ya…O sea, que usted sólo se dejó meter mano por imperativo legal, como los independentistas.
-       ¡Estás imposible Bartolo!
-       ¿Y cómo resistió usted la tentación? Porque la Carmen Miranda está para chillarle. ¿Se encomendó usted a la Vicepresidenta Primera? ¿Pensó en su Lisbeth?
-       ¡A Lisbeth ni mentarla!
-       Bueno, hombre, no se me ponga así. Qué poca correa.
-       ¡Ni correa ni tirantes! ¿Y tú? No paraste de hablar con Benamejí y con uno de sus invitados. ¿Quién era?
-       Era catalán. Me dijo que se llamaba Roque Guinart. Se pasó toda la noche explicándome que el flamenco viene de Cataluña.
-       ¿Qué?
-       Como se lo digo. Según él los gitanos entraron en España por Cataluña y crearon allí el flamenco, que luego se extendió por el resto del estado español. Así tal cual…
-       Vaya…
-       Sí, y Camarón de la Isla también era catalán. En realidad se llamaba “Gambeta de l´illa” y no era de la Isla de San Fernando en Cádiz, sino de las Pitiusas, que según él también son catalanas.
-       Sorprendente…
-       Pues eso no es nada…Curro Romero resulta que también es catalán.
-       ¡Qué me dices!
-       ¡Como lo oye! Su nombre auténtico es Francesc Romesco y nació en Reus, capital. Se aficionó viendo los “correbous”, que es como los Sanfermines pero en catalán. Su familia volvió a Camas cuando él era aún pequeño y siempre se ha ocultado que el Faraón es catalán de nación, igual que ha pasado con Camarón..¡Y aún queda lo mejor!
-       ¿Qué?
-       ¡El gazpacho también es catalán!
-       Asombroso…
-       ¡Como se lo cuento! Se trata en realidad de la versión líquida del “pan tumaca”...
-       Veo que fue una conversación de lo más instructiva. ¿Y con Benamejí? ¿De qué hablaste tanto tiempo?
-       Si se lo digo se me enfada…
-       ¿Le diste la tabarra para que te hagan interino en la Junta?
-       Pues sí. Visto que a usted le importa un pito mi futuro y el de mis churumbeles tengo que buscarme la vida por mi cuenta…
-       ¿Y…?
-       ¡Éxito total! Benamejí me ha dicho que en unos días me confirma. Parece que pueden contratarme en alguna agencia de la Junta. Me dijo el nombre pero no lo recuerdo ahora. Algo así como IKEA…
-       ¡Pero si Benamejí no pertenece a la Junta!
-       ¡Hefe, con todos mis respetos: a veces está usted agilonao! ¿Se lo tengo que explicar o se ha creído todo lo que le contaron en la comida?
-       Bueno, parece entonces que lo has conseguido, bien a mi pesar. Sólo te pido que no actúes como un funcionario en el peor sentido del término; no seas como el hermano de Anna Karenina…
-       ¿Ya empezamos otra vez con las marcas de alicates?
-       Es la gran novela rusa del diecinueve. El hermano de la protagonista, Stepán Arkádyevitch, es un alto funcionario con muy buena reputación a pesar de que no es particularmente trabajador ni brillante. Según Tolstoi la clave de su éxito es “su total indiferencia hacia las tareas que realizaba, gracias a lo cual nunca se dejaba llevar por el entusiasmo y nunca cometía errores”. Bartolo: hay que sentir pasión por el trabajo, sobre todo en la función pública, en la que se trabaja por el bien común.
-       Lo recordaré cuando le lleve los cafés a mi señorito de la agencia.
-       Y los funcionarios tenemos que decirles siempre la verdad a nuestros superiores políticos, Bartolo, aunque resulte incómoda, aunque acarree consecuencias negativas para nosotros. No podemos ser como ese otro personaje de Tolstoi en Guerra y Paz, que llegó a la conclusión –por desgracia cierta en muchos casos– de que lo que hacía falta para tener éxito en la Administración “no era esfuerzo, ni trabajo, ni coraje, ni perseverancia, sino saber cómo llevarse bien con quienes pueden conceder los premios”.
-       Vaya, hombre, hoy le ha dado por la literatura de la estepa…pero sin polvorones. ¿Se ha pegado un atracón de Babelia?
-       No desvíes la conversación, porque lo que te estoy diciendo es muy importante. A los políticos no hay que decirles que sí a todo. Mucho de lo malo que ha pasado en España en los últimos años tiene su origen en la omisión de este deber de independencia por parte de los funcionarios, a veces por un sentido de la disciplina mal entendido, a veces por ambición, a veces por miedo a las represalias…

-       Bueno, hefe, no se preocupe. Cuando mis superiores me manden a echar la quiniela les voy a hacer unos informes técnicos que se van a quedar acojonados.
-       No te lo tomes a guasa, Bartolo. Estamos en un momento trascendental de nuestra historia y todos tenemos nuestra parte de responsabilidad. Es muy probable que veas cosas muy feas; y no puedes ser cómplice por acción, pero tampoco por omisión.
-       Vale, vale….Le prometo que tendré en cuenta todo lo que me dice….Y ahora, ¿qué hacemos?
-       No lo sé; cuantas más vueltas le doy al almuerzo en casa de Benamejí más claro tengo que estamos ante un caso grave de corrupción, pero no sé qué más podemos hacer para encontrar pruebas.
-       ¿No recuerda ningún caso parecido en ese remolque de novelas policiacas que ha leído?
-       Así a bote pronto…la verdad es que no…
Frank se hundió en un silencio desalentado. Al cabo de un rato Bartolo sacó a su jefe del letargo:
-       ¡Olvidé contarle! ¿Sabe lo que me dijo Roque Guinart que estaba haciendo aquí?
-       A saber… ¿Investigar los orígenes catalanes de la Macarena?
-       Ahora que lo dice también me comentó algo sobre eso. Por lo visto viene de lo que decían los catalanes cuando veían la imagen: “la nena és molt maca”…”Maca” y “nena”: “Macanena”. Y de ahí “Macarena”. Pero volviendo al tal Roque: me dijo que desde hace años estaba prestando asistencia técnica a los socialistas andaluces y que venía regularmente.
-       ¿Asistencia técnica para qué?
-       Me habló de unos programas de colaboración público-privada para proyectos de interés general. Mencionó algo de unos porcentajes…
Los ojos de Frank reverdecieron:
-       ¿Porcentajes? ¿Qué porcentajes?
-       No me acuerdo bien…Algo sobre el 3%, pero no me lo explicó mucho.
-       ¡El 3%! ¡La conexión catalana!
-       Guinart me dijo que la antigua CiU, de la que él fue miembro, tenía una gran experiencia en este tipo de programas, y con gran generosidad había dado cooperación técnica para formar a muchos cuadros del PSOE de Andalucía, pero también del PP de Valencia y de Madrid y del PNV…
-       Esto no es un tema aislado de Morón, Bartolo, ni siquiera de Andalucía. ¡Es una red mafiosa con tentáculos en toda España! Esto nos sobrepasa, pero ya sé qué vamos a hacer.
-       ¿Qué, hefe?
-       ¡Nos vamos a Barcelona a hablar con el mejor detective de España!
-       ¿Y se puede saber quién es el mejor detective de España?
-        ¡Pepe Carvalho! ¡Él nos ayudará a resolver este caso!



(Continuará...) 

Comentarios

Unknown ha dicho que…
El capítulo no tiene desperdicio.... Genial.

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