Capítulo XV de «LAS AVENTURAS DEL INGENIOSO DETECTIVE FRANK STAIN»

CAPÍTULO XV

 

De las admirables cosas que dentro del Palacio de San Telmo sucedieron al valiente Frank Stain, cuya imposibilidad y grandeza hacen que se tenga esta aventura por apócrifa


Frank pasó bajo el dintel de la puerta del palacio –el resuello casi perdido después de subir de tres en tres la escalinata, como cuando pasaba con más miedo que vergüenza el gallinero en la pista americana de Cerro Muriano– y alcanzó a ver al cuarteto encabezado por la silueta inconfundible del Señor de los Anillos doblando la esquina al final de un corredor interminable.

Se lanzó de nuevo a la carrera, con las fuerzas un tanto menguadas por el esfuerzo. Al final del corredor se encontró con un zaguán en cuyo costado izquierdo se elevaba un gran portón cerrado a cal y canto, y en el derecho una escalera de mármol que conducía al piso superior. En el lado opuesto del zaguán se abría otro largo corredor desierto en el que no había rastro del cuarteto. Optó por subir las escaleras.

Cuando llegó a la planta de encima se encontró con nuevos pasillos a ambos lados. La oscuridad era completa, excepto por un ligero resplandor al fondo del corredor situado a la izquierda. Frank se encaminó con paso quedo hacia la luz, procurando no hacer ruido.

El suave fulgor provenía de una sala cerrada por una puerta de cristales cubiertos con visillos. Aguzó el oído y creyó distinguir el murmullo de una conversación en voz baja. Conteniendo la respiración, giró milímetro a milímetro el picaporte, esperando encontrarse con el cuarteto en conciliábulo.

Para su sorpresa, se topó con dos figuras vestidas con chilabas, sentadas en el suelo a la usanza árabe, en animada charla. Una de ellas, de aire señorial y melancólico, tez morena y cuidada barba negra. La otra rubicunda y de piel blanquecina, con gafas redondas sin montura según la moda de los años treinta del siglo XX. Esta última interrumpió la plática para dar la bienvenida al recién llegado:

-       Pasa, Frank. Te estábamos esperando.

-       ¿Me conocen? ¿Quiénes son ustedes?

-       Yo soy Blas Infante y este es mi amigo Al-Mutamid, Emir destronado de Sevilla y príncipe de los poetas.

-       ¿Qué están, de cachondeo conmigo? ¿Son de la cámara indiscreta?

-       No hombre, esto es real y nosotros somos quienes te acabo de decir. ¡Esto no es la conferencia de prensa del Consejo de Ministros de los martes!

Antes de que Frank pudiera articular palabra el semblante de Blas Infante se tornó súbitamente serio, abrumado por una tristeza infinita:

-       Hemos visto con inmenso dolor que no crees en la Patria Andaluza ni en sus símbolos. No has cantado el himno ni rendido homenaje a la bandera blanca y verde, que vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra.

Al-Mutamid y Blas Infante se pusieron de pie al unísono y comenzaron a cantar a voz en grito el estribillo del himno de Andalucía tocando las palmas y zapateando a ritmo de rumba:

¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sean por Andalucía libre,
España y la humanidad!

¡Ta,ta,ta,ta…!
Frank esperó a que se sentasen para dirigirse de nuevo a Blas Infante:

-       ¡Con todo respeto, don Blas, ese himno y esa bandera se los inventó usted!

Blas Infante cruzó una mirada de inteligencia con Al-Mutamid antes de dirigirse  a Frank con expresión pesarosa:

-       Frank, Frank…Hombre de poca fe. Es verdad que yo inspiré la idea de la bandera y escribí la letra del himno, pero no olvides que la música es una vieja canción de siega andaluza y que la bandera lleva el color verde del Islam, que lucía en los estandartes de la dinastía Omeya, y el blanco de los almohades.

-       ¿Y qué tengo yo que ver con los Omeyas y los almohades? ¡Yo la única bandera verdiblanca que reconozco y llevo en el corazón es la del Betis! ¿Y por qué va usted vestido con chilaba?

-       "Porque nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. Externamente, en el vestido o en ciertas costumbres ecuménicas impuestas con inexorable rigor, hemos venido apareciendo aquello que nuestros dominadores exigieron de nosotros. Pero jamás hemos dejado de ser lo que somos de verdad: esto es, andaluces; euroafricanos, euroorientales, hombres universalistas, síntesis armónicas de hombres".

-       ¿Usted también habla entre comillas? ¿Tiene algún problema con su máster o con su tesis doctoral?

-       No, pero mis abogados me han recomendado que me cite a mí mismo por si acaso…

-       ¿Y quiénes son esos supuestos dominadores que nos han impuesto costumbres?

-       El pueblo andaluz fue arrojado de su Patria por los reyes españoles y unos moran todavía en hermanos, pero extraños países y otros, los que quedaron y los que volvieron, los jornaleros moriscos que habitan el antiguo solar, son apartados inexorablemente de la tierra que enseñorean aún los conquistadores. Los pobres andaluces se arrimaban a las vallas de los cotos cerrados, deshecho el corazón en el llanto del Islam.”

Blas Infante hizo una pausa y dirigió una mirada afectuosa a su compañero:

-        Al-Mutamid fue el último Rey indígena que representó digna y brillantemente una Nacionalidad y una cultura intelectual que sucumbieron bajo la dominación de los bárbaros invasores”.

Frank no lograba esconder su impaciencia:

-       Mire, a mí me parece estupendo que usted sea amigo de Al-Mutamid y que le hubiese gustado vivir en Al Andalus, pero lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

-       Te equivocas, Frank. Se puede hacer mucho. Cuando me invitaron al “Congreso de los Pueblos sin Estado” en Delhi en1930, delegué en Abel Gudra, a quien entregué un manuscrito de mi puño y letra con el siguiente texto para que lo leyera ante los congresistas: “La revolución india es un mero episodio de la gran batalla. Las agitaciones de África lo son también. ¡Desengañaos! Nada conseguirán los pueblos esclavizados de Afro-Asia mientras que el despertar no venga a abrir los ojos, en la tierra sagrada de España, de nuestra cabeza, Andalucía”.

-       La verdad es que no estuvo usted muy fino ni como adivino ni como geoestratega.

-       Ríete, Frank. Yo no tuve éxito entonces, pero “Hay un andalucismo como hay un sionismo. Nosotros tenemos, también, que reconstruir una Sión”. Otros han recogido mi antorcha y promoverán la independencia de los Países Andaluces.

La sonrisa forzada de Frank no podía ocultar su irritación:

-       ¿Los Países Andaluces?

-       Sí Frank, Andalucía más Murcia, Valencia, Marruecos y Portugal. No olvides que Al-Mutamid nació en Beja y fue educado en Silves por Abenamar.

-       ¡Ese traidor! 

Frank dio un respingo ante la brusca intervención del Emir destronado. Blas Infante miró a Al-Mutamid con ojos comprensivos y continuó:

-       Como te acabo de decir, otros han tomado el testigo: Teresa Rodríguez ha recordado que “la Toma de Granada inauguró el fin de un renacimiento andaluz que fue un esplendor de cienciasartes, de culturas.”

-       Ya…¿Y cuándo se supone que vamos a volver a ese Renacimiento?

-       “Un ‘crack’ en Europa, por ejemplo una nueva guerra, lo produciría automáticamente. Entonces, los 1.200.000 andaluces que viven sus nostalgias de Tánger a Damasco y los 300 millones de hombres de Afro-Asia que sueñan por nuestra cultura, intervendrán para destruir de una vez la influencia del Norte”.

-       ¡Parece usted Osama Bin Laden!

-       No te equivoques, Frank. Andalucía es, además de Al Andalus, “la cuna de la civilización grecolatina, o a lo menos, en sus orígenes, uno de sus focos más potentes. Probablemente se nos puede atribuir la paternidad de aquellas razas superiores. Ya Erros demostró que el alfabeto griego no era fenicio sino de origen ibérico”.

-       Lo está empeorando. Suena usted como un supremacista catalán o vasco.

-       Ahora que lo dices también somos los antecesores de catalanes y vascos. “La Historia, más afirmada cada día, pone en sus montañas el refugio último de la raza aborigen española que desde el Sur, es decir, desde Andalucía, se extendió por todos los ámbitos peninsulares”.

-       ¡Vaya empanada, don Blas! ¡Menos mal que no tenemos lengua propia, porque entonces Puigdemont y Torra iban a ser niños de teta a su lado!

-       “Pues el lenguaje andaluz es tan distinto del castellano, que yo creo que hasta hubiera podido constituirse un alfabeto propiamente andaluz, tomando del alfabeto árabe los signos que al abecedario faltan para representar los sonidos que nos dejaron los árabes, no obstante haberse llevado sus correspondientes letras”.

-       En fin, don Blas, vamos a dejarlo. Escucharle me está dando fatiga y un terrible dolor de cabeza. No me siento bien.

Blas Infante y Al-Mutamid se pusieron otra vez en pie y retomaron el himno andaluz a ritmo de rumba, mientras sus imágenes comenzaban a difuminarse como un holograma que pierde nitidez:

 

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos.
¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sean por Andalucía libre,
España y la humanidad!

¡Ta,ta,ta,ta…!

Al concluir la última estrofa las dos figuras desaparecieron y la sala se sumió en la oscuridad.

Frank sintió que su cabeza explotaba y que él se hundía otra vez en un pozo sin fondo.



(Continuará...) 

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